EL DESCREDITO DE LA POLITICA


                                                                                                                                                                                              

 

Carta pública del senador Independiente  

Carlos Cantero Ojeda

desde Antofagasta, Marzo de 2008.

* Documento remitido al blog por

htto//karenmadrid.spaces.live.com

 

 

NUEVO REFERENTE POLÍTICO EN CHILE PROPUESTA DE REFLEXIÓN
 

EL DESCRÉDITO DE LA POLÍTICA

 

INTRODUCCIÓN 

 

Este documento es una reflexión crítica sobre la política, lo político y los políticos, que pretende motivar un diálogo abierto sobre el descrédito y la desafección política, promueve un nuevo alineamiento que modifique la correlación de fuerzas y genere un proceso de cambios.

Es un conjunto de ideas que surgen desde el seno de la actividad misma, desde un protagonista de la historia política de las dos últimas décadas que asume las crudas realidades de una actividad seriamente cuestionada por la ciudadanía y que hasta ahora parece desentenderse.
Quizás sea ese el mérito de este documento.
Es cierto que este proceso de descrédito y desprestigio de lo político es un fenómeno global que muestras diversos grados de magnitud, pero, por lo mismo debemos buscar respuestas desde nuestro propio entorno.
Ese es el desafío y la invitación que extendemos.

EL ESCENARIO GLOBAL

 

Chile goza en el mundo de admiración y respeto.
Nos ven como un icono de referencia por la estabilidad económica, social, cultural y política.


La emergencia de este nuevo referente en el escenario político nacional, rompe la hegemonía de la participación política que por dos décadas han mantenido la Concertación y la Alianza, lo que ha despertado interés de diversos sectores que se preguntan: ¿De qué se trata?, ¿Cuál es su real poder?, ¿Cuáles son sus propuestas?, ¿Es más de lo mismo?.


Este proceso ocurre en un ambiente político vertiginoso.


La Concertación cae en su adhesión ciudadana al dejar de identificarse con las prioridades de la sociedad,
2 mostrando graves fracturas en su unidad al desaparecer sus fuerzas aglutinantes, perdiendo un número importante de parlamentarios, concejales y alcaldes, que emigran por no compartir el derrotero que asume la coalición, cuestionan la conducción por no controlar la corrupción y enfrentan un complejo escenario para definir su opción presidencial.

En la Alianza, no se logra capitalizar esa pérdida para alzarse como opción de alternancia en el poder, la ciudadanía expresa desconfianzas respecto del compromiso social, percibe fuerzas centrifugas que expulsan algunos actores hacia la periferia, dificultades gestionales y un clima organizacional elitista, excluyente, con faltas de respeto y falta de visión de un destino común, no logrando aglutinar sus potencialidades en torno a un candidato presidencial.

COMITÉ DE PARLAMENTARIOS INDEPENDIENTES.

La decadente monotonía del poder ejercido por la Concertación y la errática oposición ejercida por la Alianza, han concluido por ahora, en el Senado, en lo que esperamos sea un proceso gatillante.

Nace un Comité de Senadores Independientes, con una tendencia inclusiva, ajenos a ideologísmos, comprometidos a erradicar la corrupción, la falta de transparencia, la distancia respecto de los anhelos ciudadanos, democratizar el acceso a los beneficios del desarrollo; males transversales en el escenario político actual.

Sus actores convergen desde diversas vertientes políticas: un centroregionalista representado por Carlos Bianchi, elegido en su condición de Independiente; los valores y sensibilidad del humanismo-cristiano representada por Adolfo Zaldívar; la vertiente que viene desde la izquierda expresada por la modernidad de Fernando Flores; y la vertiente de centro derecha, por el regionalista Carlos Cantero, estos dos últimos exponentes de un humanismo-laico.

Bajo dicha convergencia se ha generado un cambio histórico al modificar después de 19 años los equilibrios políticos y, constituirse, en la fuerza que hace la mayoría, desplazando a la Concertación desde la mesa del Senado.

Lo anterior surge como resultado de acuerdos en las que un grupo de senadores mostró carácter, independencia, desprendimiento y sentido del interés superior, sin sometimiento a personalismos, ni liderazgos autocráticos.

Paralelamente, en la Cámara de Diputados, se han observado movimientos de parlamentarios que con valentía y coherencia han dejado atrás su militancia para conformar la Bancada de Diputados Independientes, los que convergen desde diversas vertientes y están llamados a jugar un rol determinante en la resolución de los diversos temas políticos que trate esa corporación.

Son muchos los que se han sentido llamados, los que quieren cambios y desean participar.

En este marco hay sectores de la ciudadanía que reclaman una sensibilidad diferente que represente sus esperanzas de equidad y justicia, que se ocupe de la mejor distribución del ingreso en el país.

ESTABILIDAD Y CAMBIO.

Como ha quedado demostrado desde 1990, desde la seguridad del entorno partidista y las franquicias de la institucionalidad política vigente, resulta improbable generar cambios significativos.

En efecto, la estabilidad y escaso recambio de los actores políticos: dirigentes, parlamentarios, ministros y equipos de gobierno; la posibilidad de generar cupos electorales protegidos y la hegemonía de las cúpulas partidistas en el nombramiento de candidatos, han generado graves vicios, por lo que -todos y cada uno de los parlamentarios del Comité de Independientes- optamos por avanzar hacia este escenario incierto, concientes que de esta forma se genera el cambio, se garantiza la innovación y renovación de las instituciones, ideas y actores políticos, que es lo que la ciudadanía reclama en la política chilena.

No ha sido fácil, pero, a juzgar por los resultados en este corto plazo, los sacrificios han valido la pena.

La motivación principal de este salto al cambio, busca la sintonía con las inquietudes de la gente, haciendo coherente el actuar político con las prioridades ciudadanas, dejando atrás el estilo político de cálculo electoral por sobre el bien común, el compadrazgo o la protección del interés político, de los compromisos partidistas que dejan marginada la esperanza, expectativa o confianza de los ciudadanos.


Se quiere cambiar el sentido de la política, promoviendo una revisión profunda del espíritu e institucionalidad en el país, dejando atrás mediocridades para avanzar en la búsqueda de la excelencia y la meritocracia, tan ausentes en el espíritu de la gestión pública.


Rechazamos un sistema electoral fundado en la desigualdad de oportunidades y en la exclusión de importantes sectores de la vida nacional, particularmente de los independientes, lo que ha dado como resultado que la mitad de la población, no participe y mire con desprecio a los políticos.


Queremos enfrentar el cáncer social que representan la falta de transparencia; un proceso de corrupción que se va enquistando y adaptando en la administración pública y en las empresas del Estado; el narcotráfico y sus redes, flagelo que campea en nuestras ciudades y poblaciones con su secuela de adicción, violencia, crimen y delincuencia.

¿QUE NOS UNE?  

 

Nos motiva la clara conciencia que la ciudadanía está cansada de una democracia ineficiente, aparente y sin participación ciudadana; de un modelo de desarrollo que muestra graves inequidades, que no permiten a todos los chilenos gozar de los beneficios del desarrollo; de una administración que muestra claros indicadores de corrupción.


Nos mueve el interés por cambiar el sistema de partidos políticos fuertemente centralista que ha llevado a la hegemonía y monopolio de la actividad política,
4 generando una ciudadanía que clama por mayor participación, que desprecia la actitud de anteponer intereses partidistas por sobre las expectativas de la gente y, por otro lado, medios de comunicación que ejercen un fuerte control social, político y de denuncia, desplazando o subordinando a los actores de la política.


Repugna, por inaceptable, un sistema político que asume la participación de la ciudadanía solo desde los partidos políticos, obligando a la militancia a someterse a la voluntad -o los caprichos- de las cúpulas partidistas que manejan el poder interno, negocian apoyos, manejan la caja electoral, definen quienes tienen cupos electorales y, en las parlamentarias, quienes serán candidatos protegidos, es decir, sin competencia, rompiendo básicos principios democráticos.

Por la vía de cuerpos legales draconianos se inhibe o limita la participación ciudadana y de los independientes, incluyendo normas que institucionalizan la inequidad y la desigualdad de oportunidades para aquellos que están fuera de los partidos y que desean postularse como candidatos a las elecciones parlamentarias.
Resulta paradojal comprobar que en la política chilena se impone una lógica de mercado, de concentración del poder en pocas manos.

El ciudadano está preso de estas circunstancias igual como aquellos cautivos de su banco, la multitienda, la línea aérea, o las tarjetas de crédito.

Nos une la voluntad de enfrentar estos desafíos en la sociedad chilena.

Como Comité de Parlamentarios Independientes, no responderemos a órdenes emanadas de ningún sector, sino que estudiaremos el mérito de cada propuesta o proyecto legislativo, y como este beneficia a cada uno de los sectores de nuestra sociedad y de esta manera apoyaremos y aprobaremos las iniciativas que apunten en este sentido.

UN NUEVO MOVIMIENTO POLÍTICO.

Frente al desencanto por la gestión pública y el descrédito de la política o de los políticos, amplios sectores ciudadanos se repliegan hacia el ámbito de la esfera personal exigiendo alternativas, un nuevo referente que dé cauces a los que conforman las grandes mayorías independientes, esas sensibilidades alejadas de los ideologísmos o los partidismos radicalizados, que buscan fortalecer la democracia, que promueven la alternancia en el poder y sobre todo que reclama una política efectiva, útil y que de respuesta específica a los problemas de la gente.

La conformación de este movimiento no intenta inclinar la balanza en beneficio de alguno de los bloques actuales sino de crear uno nuevo, diferente en su identidad e inspiración, inclusivo, pluralista, democrático.

El nuevo referente del que hablamos no es un partido político, ni siquiera la suma de varios partidos, sino, la convergencia de actores políticos, los independientes y la sociedad civil, a través de un movimiento unitario, que busca generar espacios de participación horizontal .


Un referente incluyente que busque aunar voluntades, hacerse cargo de las nuevas realidades, dejando atrás las divisiones del pasado: en lo político, cultural, económico y lo social, un proyecto país que rompa las disparidades sociales y territoriales, que sin afectar la libertad de emprender y la iniciativa privada, se comprometa con la justicia social, la corrección de la vergonzosa asimetría en la distribución del ingreso en Chile.

Una fuerza política ajena a cualquier sometimiento con grupos de poder: sean estos económicos, empresariales, políticos, religiosos, sociales o culturales, que dialoga con los grupos de interés, sean del ámbito público o privado, con una mirada de país anteponiendo siempre el bien común.

Esto responde a la inquietud por ampliar los límites políticos, de romper los alineamientos polares que genera el sistema binominal, de dejar atrás las divisiones del pasado haciendo converger diversas miradas con proyección de futuro, convocando al espectro político lo más amplio posible, haciéndonos cargo de la diversidad, una realidad nueva en la sociedad que muestra novedosas formas de organización, adhesión y participación en la ciudadanía y en su vinculación con la política, lo político y los políticos.

Damos así un paso más en la consolidación de la exitosa transición de Chile hacia la democracia”, para que nuestro país consolide su liderazgo, credibilidad y confianzas en la naciente sociedad del conocimiento.

Formamos un movimiento que da cuenta del profundo desencanto de la ciudadanía con las cúpulas de los partidos; un referente que no promueve miradas únicas y excluyentes, sino, que valora la diversidad y la inclusión; una institucionalidad que no responde a estructuras centralistas, sino, que promueve la dispersión del poder; que no está anclado en el pasado sino que se une en torno al futuro; que no agota su acción en torno a los actores políticos, más bien hace converger a los actores y las diversas expresiones de la sociedad civil: dirigentes sociales, los independientes, los regionalistas, los medioambientalistas, la cultura, los artistas y los profesionales, los que promueven la innovación y aquellos que reclaman condiciones para la competitividad y el emprendimiento.

Un conglomerado amplio, no dogmático, con un fuerte sentido de la modernidad y la conciencia que la nueva sociedad reclama nuestra adaptabilidad, que más allá de los ideologísmos quiere políticas públicas eficientes, eficaces y oportunas, bajo un proceso transversal y participativo.
 

ESCRUTINIO DE LA SOBERANÍA POPULAR.

Estamos concientes que una fuerza política surge para confrontar sus ideas y visiones de la sociedad, con un fuerte compromiso democrático que se expresa en la voluntad de someterse al escrutinio de la soberanía popular.

Esto es precisamente lo que nos obliga a actuar en los próximos desafíos electorales: municipales, parlamentarios y presidencial.

Tenemos claridad que, producto de la hegemonía que genera la actual legislación electoral y la Ley de Partidos Políticos, bajo un sentido instrumental y para los fines electorales -conformación de pactos y subpactos que permitan la suma de votos con los independientes- deberemos participar en conjunto con las estructuras partidistas (Partido Regionalista o Ciudadano y Chile Primero).


Pero siempre con la claridad, de que a nadie que quiera participar, se le pedirá militancia, por el contrario, este movimiento nace con la vocación de hacer alianzas, interpretar y abrir espacios a los independientes, a los regionalistas y a las diversas expresiones de la sociedad civil.

ACUERDO DE GOBERNABILIDAD.

La base electoral que logremos definirá nuestra fuerza para imponer condiciones al momento de formar la nueva mayoría política que gobierne Chile.


Ese apoyo no será un cheque en blanco para el próximo Presidente de la República, sino una adhesión condicionada a un acuerdo de gobernabilidad, que considere los anhelos y sueños de millones de compatriotas que se sienten marginados, postergados, espectadores de una economía vigorosa que concentra la riqueza en muy pocas manos.


Nos interesa ampliar la base electoral para generar debate político sobre los problemas de la gente, que se asuma como realidad que las grandes mayorías ciudadanas son independientes y están más allá de los cálculos de interés de los partidos políticos y sus cúpulas de poder.

 

Una fuerza electoral comprometida con el Desarrollo Humano, que escuche las críticas al sistema y potencie las propuestas que permitan adecuar un modelo de desarrollo más justo, equitativo y solidario.

Urge avanzar en la modernización del Estado; en la regionalización y descentralización; en la definición de un modelo de gestión pública eficiente, eficaz y oportuno; un sistema nacional de fiscalización; un sistema político más democrático, participativo e incluyente; un sistema electoral más justo y acorde a nuestra misión de representación.

Este acuerdo de gobernabilidad tendrá como ministro de fe a la ciudadanía independiente y como garantes de su fiel cumplimiento a los miembros del Comité de Senadores y Diputados Independientes, que exigirán y condicionarán, su apoyo político a cualquier iniciativa, a cambio de que se cumplan los compromisos pactados para el bien superior del país.

Será el respaldo ciudadano expresado en votos, lo que nos permitirá volcar esa opción electoral para construir una nueva mayoría, en la que se defiendan los intereses de la gente común.
 

EL DESCRÉDITO DE LA POLÍTICA.

El descrédito de los políticos se expresa sostenida y crecientemente desde el retorno a la plena democracia en 1990.
 ¡Como nos duele el descrédito de la política, su ineficiencia, la farandulización, el cohecho, la demagogia y la
7 corrupción! que tiene su caja de resonancia en la sociedad civil, que mira con desconfianza la ineficiencia, ineficacia y falta de oportunidades en la gestión política, liderazgos confrontacionales, desbordes mediáticos, la corrupción que se expresa en la subordinación del poder político a grupos de poder económico, no siempre lícitos.
 

Cuando se debaten los desequilibrios entre el Estado y el mercado, entre el interés individual y el bien común, vale la pena recordar la antigua doctrina: “la Política es una actividad que desde siempre fue considerada virtuosa y el más alto honor al que podía aspirar un ciudadano”.
 

El diccionario define “política” como “actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”; otra acepción la define como “arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”; como “actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto o de cualquier otro modo”, enmarcando su significado entre una función pública, una conceptualización intelectual, y una actividad ciudadana.

La expresión “política” incluye la forma de organización social, estructuras y jerarquizaciones, vínculos e interacciones, la cultura organizacional, las normas y costumbres que regulan sus formas de convivencia organizada.


¿Quién podría sanamente sentirse ajeno a este rol y compromiso? Hay muchos para quienes el servicio público les orienta como los polos alinean mágicamente las agujas de la brújula.
El maestro Aristóteles, en “La Política”, define al individuo como “un animal político”, tiene una naturaleza propia que le induce a organizarse en sociedad, dotada de organización política.

Advertía: “sólo una bestia o un dios puede vivir fuera de la Polis


Cabe cuestionarse si sus brillantes visiones mantienen la misma fuerza germinal, en todo caso, nos motiva el ideal de convocar a quienes aspiran cambiar en este sentido lo político, los políticos y la política.


* Los autores de este blog no se responsabilizan de los contenidos del mismo, resultando responsables sus autores o remitentes directos, los que consideramos que actúan de buena fe.
  

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