(-) CRISTIAN WARNKEN. ¡QUÉ FALTA DE ENERGÍA!


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No puedo creer que la única alternativa a una inminente crisis energética en Chile sea convertir a la Patagonia en una “guitarra eléctrica”-como lo ha expresado de manera tan gráfica un lúcido y valiente senador Horvath-. El “Yo o el caos” ha sido reemplazado por “Nosotros o el apagón”.

Sospecho de esas disyuntivas asfixiantes. No se puede pensar bien desde el miedo. La imaginación y la inteligencia humanas siempre pueden encontrar salidas allí donde parecía imposible hallarlas. “Más discurre un hambriento que cien letrados”, reza el dicho campesino. Aquí los “letrados” parece que sólo han discurrido un “mal menor”.

Si hemos llegado a este escenario fatalista es por una falta de visión y previsión inexcusables, por una flojera intelectual nacional. Tal vez el precio del cobre de las últimas décadas, el flotar sobre plata fácil, nos ha dormido en nuestros laureles. Súmese a eso una clase política que ha privilegiado sus agendas de corto plazo en vez de focalizarse en los temas estratégicos que de verdad importan. Sólo se escuchan ideas hechas y fatalismos en el debate. Falta estudio, investigación, entrar a fondo, de verdad en los temas, y no cuando el terremoto o el apagón o el incendio inminente hacen imposible ver y elegir con calma por dónde arrancar. Nuestra clase dirigente le ha fallado al país al llevarlo a esta pobre disyuntiva en materia energética.

Veo, además, una tendencia a resolver los problemas con megaproyectos desmesurados, una lógica titánica, algo fáustica. Ahí está el Transantiago: qué despropósito, qué monstruoso y mesiánico error. Y ya estábamos con las lapiceras listas para firmar acuerdos para la energía nuclear, cuando una catástrofe en otro país nos salvó de una decisión estratégica por lo menos discutible. Ahora es la geografía de nuestro país, que, mucho más que un mero capital turístico, es nuestra propia alma, la que puede ser irreversiblemente afectada. Claro que no hay soluciones fáciles: celebro y creo en la complejidad de la realidad. Para entenderla y sobrevivir dentro de ella se requiere agudeza, audacia, y no conformarse con empatar con sus variables. ¿No se ha pensado, por ejemplo, en una campaña educacional y de estímulo para ahorrar energía, una tarea que implique un cambio cultural? Se dice que los más pobres legítimamente quieren comprar más, tener más plasmas; que nadie quiere apagar sus computadores y que una cultura del ahorro frenaría el crecimiento económico. Pero ¿de qué sirve esa promesa del edén de país desarrollado (que en algo recuerda el utopismo marxista de una futura “sociedad igualitaria”) si esos mismos consumidores compulsivos les dejarán a sus hijos un patrimonio urbano, cultural y ahora también geográfico devastado?

¿Por qué no pensar en un país cuyo rasgo cultural sea la austeridad (no la pobreza), una austeridad que sea nuestra ética y nuestra estética? Pienso en dos ejemplos de arquitectura chilena que asumen la precariedad como posibilidad: el “habitar leve y precario” de nuestra joven arquitecta Cazú Zegers, y el modelo de vivienda social de Alejandro Aravena. Ellos encontraron soluciones donde parecíamos condenados a más de lo mismo. ¿Por qué tenemos que resignarnos a copiar al pie de la letra a otros países en educación, salud, vivienda, etcétera? ¿Por qué Chile no puede encontrar su propia forma de habitar y crecer, a su medida? ¿O tenemos que comer la misma comida chatarra, endeudarnos y levantar las mismas y desmesuradas torres de ciudades y países que no tienen nada que ver con nuestro paisaje?

Aquí faltan estadistas que propongan una visión de largo plazo, pensada desde aquí. ¿Es que acaso no tenemos la energía interior y el coraje que supone un desafío de esa envergadura? Ese sí que puede ser un apagón fatal: el de un país que no piensa, que no investiga, que no inventa; un país sin ser propio.

Cristián Warnken

FUENTE Blogs El Mercúrio / Jueves 12 de Mayo de 2011 http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2011/05/12/que-falta-de-energia.asp

*Elcorreodiario Blog, es un espacio pluralista que pretende exponer las diferentes aristas que conforman una misma temática (en este caso Hidroaysen), no significando con ello que sus editores compartan las expresiones o ideas vertidas, siendo cada uno de los autores los únicos responsables.

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