HISTORIAS DE NAVIDAD / La Bella Soledad (p4)


sepulveda 0Por Sergio Sepúlveda Cepeda

En el fondo apartado del pueblo había un predio habitado por un trío de mujeres.  La abuela Dolores, la madre Esperanza con su hija Soledad.  El abuelo don Generoso falleció cuando la niña era pequeña y su padre don Clemente emigró a otro país en busca de fortuna.

Publicado en Facebook, Comuna de Navidad, el miércoles, 20 de octubre de 2010

El hogar de Dolores, Esperanza y Soledad era una casa de tejas estilo colonial de construcciones españolas en el reino de Chile.  Con un patio muy amplio y la mayor parte del perímetro de lo construido estaba plantado de flores y enredaderas donde hacían nido los pequeños pajarillos y cantaban las cigarras.

Modelo de patio interior colonialMás allá un huerto cultivado con todo tipo de hortalizas y verduras alimenticias y adosado a éste, un hermoso jardín plantado con gran variedad de flores de las que existían en el país y otras traídas por los europeos.  Soledad tendría en ese entonces no más de 20 años y al verla en su jardín acariciando y besando sus flores, no era ni más ni menos que el esplendor de la hermosura.

A mayor contemplación de mirarla de arriba abajo, reafirmaba el cálculo de que sus medidas anatómicas no podían ser otras que 50—60—90 a las que le hacían juego sus ojos verde mar, con su piel color mate y su pelo rubio, más bien amarillo color luz de la vela, presentándola como una figura impresionante para cualquier tipo de hombre.

PICAFLOR PINGARITALa extensión del terreno de la propiedad deslindaba al norte con la confluencia de los dos esteros del pueblo y una inmensa e impenetrable quebrada que era el refugio y habitación de aves y animales salvajes.

Al sur la limitaba un tupido bosque de eucaliptos donde en el de mayor altura anidaban las águilas y en los otros danzaban en el aire los picaflores,  pinguieras o colibríes.

AMAPOLAS

La limitación oriental del predio la constituía el pie del cerro más alto del lugar sembrado y cubierto por una cementera que con el viento se mecían las doradas espigas formando un gran paño ondulado decorado con amapolas de colores distintos donde podían distinguirse entre cuatro o cinco de ellos salpicando el dorado paisaje; éxtasis para los seres románticos.RANA CHILENA

Por el lado del ocaso el predio limitaba con el estero, el de mayor caudal de los dos, cuyas aguas bañaban esa orilla y dejaban pozas para la existencia de ranitas y pejerreyes, como también piscinas naturales para pidenes y tripocas mientras después fluía según6 TRIPOCA o pato zambullidor su destino deslizándose hacia el océano pacífico pasando a formar parte de su masa, reduciendo en una ínfima porción la salinidad.

7 PIDÉNSoledad estudió en los establecimientos que imparten la enseñanza en su pueblo.  La básica o primaria en la escuela Gabriela Mistral, y la media o secundaria en el liceo Pablo Neruda.  Por eso sus modos de huasita y gansa casi no se notaban y quedaban totalmente  eclipsados por su extraordinaria belleza.

Y así este ejemplar campesino, monumento de la hermosura de la mujer chilena, se complacía y le atraía la música del campo que le llegaba en los brazos del viento a ese refugio tranquilo, solo y callado escasamente penetrado por seres humanos.  Lugar en que ella escuchaba el ruido del silencio y disfrutaba observando como hacían su trabajo los peces, pájaros y alimañas, seres del reino animal que acompañan a la humanidad y que allí existían. Todo esto la mantenía tan pura y clara  como el agua cristalina que pasaba por su predio.

Tanto la abuela como la madre le enseñaban sus experiencias y quehaceres campesinos, sin saltarse o esconder nada. Fue así como Ella aprendió a entender el lenguaje y las acciones de la naturaleza, que en ese ambiente, sólo es captado por el campesinado, siendo una lata para los ciudadanos de las metrópolis u otros lugares no campestres.

Había que saber de que se trataba cuando Soledad hablaba con dichos o anunciaba sucesos.

“Círculo en el sol aguacero o temblor—

círculo en la luna novedad ninguna—

cantó la lechuza, mañana hay camanchaca—

el canto del chuncho de hoy, es anuncio de muerte mañana—

anoche las luciérnagas danzaron por que había apareamiento—

el toro mugió en la punta del cerro para escuchar la respuesta de una vaca en celo–

miré pasar a la reina de las abejas en su vuelo nupcial—

no hay mejor remedio para la diarrea que el agua de paiquillo con azúcar quemada”

Y así una caterva de dichos y cosas del léxico campesino.

Lo único que a Soledad le faltaba era un amor de hombre que la amara y la hiciera feliz. Un día menos pensado llegó al pueblo un señor vendedor de géneros (casimires de Tomé), recorría casa por casa ofreciendo la mercadería. Al visitar la casa de doña Dolores, conoció a Soledad quedando a primera vista prendado de Ella.

El nombre del afuerino, como le decían a los que no habían nacido en el pueblo, era el de don Eduardo Amor.  Hombre con cultura, educación y prestancia, él había pertenecido a una de las ramas de la defensa nacional retirándose con el grado de “mayor”

Don Eduardo no entendía ni le gustaba la vida del campo, él era un hombre netamente de ciudad, un polo opuesto comparado con su amada.  Pero mientras más opuesto, más era la atracción entre ellos. Además don Eduardo era amable y agradable con todo el mundo. Recuerdo que entre sus anécdotas contaba que tuvo que ordenarle a la tropa bajo su mando, que no lo trataran de “mi mayor Amor” Pero su novia Soledad, con mucha  gracia y simpatía le decía “mi mayor Amor”

Después de casarse, don Eduardo llevó a su mujer Soledad a una cuidad sureña para formar ahí una familia numerosa, contaban que el género  femenino que nacía en ese matrimonio, sacaban el sello de la madre. La anciana Dolores con su hija Esperanza quedaron viviendo solas hasta cuando la abuela enfermó falleciendo  de una neumonitis. La Esperanza se fue a vivir con una amiga terminando su vida en una casa de ancianos. Dijeron en la vecindad que para los funerales tanto de su abuela como de su madre vieron que asistió Soledad y que con el dolor por sus deudos, los años de matrimonio y su gran número de hijos, ya no era “el esplendor de la belleza”

Pasaron muchos años y en un día primaveral estuve en el lugar de esta historia.  Mi primera visita fue al cementerio del pueblo con la idea también de encontrar ahí sepultados gente de mis raíces.  En la búsqueda encontré nombres de familiares del tiempo ido que incluso no los conocí. Pero, ahí en esa misma ocasión estuve mirando la tumba de doña Dolores Ordóñez y su esposo Generoso. No me fue posible encontrar la de doña Esperanza, ya todo pertenecía a un pasado viejo y desteñido. A continuación dirigí mis pasos al predio de estas tres mujeres que en mi juventud había conocido

clip_image018Era la media mañana de un día primoroso con una brisa fresca salida del mar que el viento la transportaba en forma suave para acariciar los rostros e incentivar los recuerdos. El predio de Soledad estaba tapizado de malezas que dificultaban la entrada, pero, como era tiempo de primavera las hierbas también tenían flores y hasta los senderos aparecían florecidos. Costó llegar a la casa para presenciar el desastre producido por el tiempo, la lluvia, los terremotos y el abandono.

Sólo quedaban uno que otro muro parados lo demás todo derrumbado, desparramado y cubierto por todo tipo de malezas.

El espectáculo me hizo caer en una tristeza nostálgica y suave que yo llamaría melancolía.

Recuerdo haberme sentado sobre un tronco grueso y seco de un árbol que alguien había cortado donde me sentí cómodo para pensar y observar.  Miré que aún quedaban rosas, claveles y cardenales que peleaban con la espesura de la hierba para salir arriba y tomar el sol. Una pareja de jilgueros acarrea palitos y plumitas, estaban construyendo su nido en una enredadera que se aferra a un muro por caer.

9 CHERCÁNUn chercán con su pareja llevan alimento para sus hijitos que están en un nido bajo una teja que quedó sobre un tijeral.  La hembrita de esta pareja era verdaderamente hermosa, de color más claro y un cuerpo como de colibrí que también aleteaba en el aire para sacar arañas y llevarlas de alimento a sus polluelos.  Nunca había visto un ejemplar así.

10 CODORNIZ MACHO No lejos se escucha el canto inconfundible de una codorniz macho con el que anuncia a su hembra que él está cuidando el nido. En el eucalipto elevado a las alturas están las águilas criando a sus aguiluchos.  Se turnan para estar siempre una en el nido, la otra sale a cazar el alimento que listo para comerlo lo entrega a la que está cubriendo las crías para que lo reparta y nunca queden solas pues el nido de estas aves es desprotegido, hecho con escasas ramas lo que un golpe desde esa altura significa la muerte del polluelo.11AGUILA CHILENA

Las tripocas nadan en una poza con sus patitos que se escabullen al sentir mi presencia.

Sigo mirando las ruinas de lo que fue una mansión de una linda familia y veo que aparecen lagartijas de un color verde azulado que salen a cazar moscas para alimentarse, también se ven cruzar ratones negros de pelaje muy brillantes que salen de su madrigueras a buscar su alimento, pues ahí no tienen nada para comer y sólo han construido su guarida como lugar para reproducirse.12 LAGARTIJA TENUE

Antes de ir a ese lugar, pensé que el lustrín de la ciudad me había borrado los gustos de la naturaleza campesina, pero sentado en el tronco en la casa derrumbada sentí que estaban intactos. En esos momentos estaba concentrado, escuchando un concierto del canto de las ranas cuyos decibeles partían de varias pozas del estero. Y de repente me pillé que estaba hablando solo absorto de la maravillosa naturaleza. Mi razón con rasguños agnósticos me preguntó  ¿con quién hablabas?  ¡Con Dios le respondí! No lo veo agregó. Entonces la conciencia hace callar a la razón para decirle. El cuerpo de Dios es toda su Creación, y eso tú lo estás viendo. Su espíritu está en este cuerpo, pero ese tú no lo ves porque no es materia, tú tampoco ves tu alma que está en tu cuerpo, el día que Dios llame a tu alma, tu cuerpo será un cadáver (pura materia corruptible por lo demás)

Al mirar nuevamente las ruinas de la que fue casa, veo un cajón con papeles desteñidos, llenos de tierra, les había caído agua de la lluvia, incluso hasta con heces o fecales de ratones.  Los limpié con ramitas de hinojos, eran escritos pertenecientes a Soledad. Uno me llamó la atención y lo agrego a este escrito.

….continuará

 

clip_image002Sergio Sepúlveda Cepeda

Ingeniero civil (J)

Santiago, Octubre de 2010

 

 

 

Créditos de las imágenes ilustrativas

1 Foto de época; http://www.todocoleccion.net

2 —

3 Picaflor; http://www.carampangue.cl

4 Amapolas; http://www.fotoplatforma.pl

5 rana chilena; http://www.3djuegos.com

6 Tripoca; http://www.avesdechile.cl/144.htm

7 Pidén;  http://www.conserva.cl/2009/05/sonidos-de-aves-de-chile-piden.html

8 —

9 Chercan; http://matpicture.blogspot.com/

10 Codorniz macho; http://www.flickr.com/photos/pablocaceres

11 Águila chilena;  http://www.panoramio.com/photo/9580331

12 Lagartija; tenue http://www.bligoo.com/tag/lagartija

13 Sergio Sepúlveda; © Salvador Pérez

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