La soñación del recuerdo / Sergio Sepúlveda / El Correo-Navidad 37


Paseando por el pasado, desde la urbe

La soñación del recuerdo

Sergio Sepúlveda Cepeda

SEPULVEDA 1 

Palabras del secreto acompañadas por el eco del silencio, meditando los años viejos que se arrastran con el crujir del tiempo.

Me siento saturado… con los ruidos y chillidos de la gran ciudad…, mi paciencia vomita al consumismo aparejado con lo desechable – lo precozmente inútil – lo inservible a corto plazo – lo que dura poco – lo destinado al reemplazo obligatorio. Pues así, lo ha dispuesto "la economía de mercado" imponiéndolo a nivel mundial.

Estoy harto de movilizarme en el Metro…, en sus vagones apretujados con un mar de gente donde escasea la libertad para desplazarse y se respira el aire ya exhalado de una oprimida multitud, pero tengo que hacerlo para acudir al servicio de un arreglo dental.

Detesto asemejar el episodio… con los camiones cargados de corderos… o cerdos acarreando los animales a mataderos de los centros de consumo, sé que un observador, sin mucha detención, encontraría el parecido.

Como todo habitante de Santiago…, nuestra capital de Chile, me he ajustado a una respiración corta, para hacer menor la entrada a los pulmones del smog y CO2 que infectan a la atmósfera, provenientes de las fábricas y de millones de vehículos motorizados contaminando el aire puro, indispensable para vivir sano.

No dejo de pensar… que ese practicar sea causante atrófico de los órganos vitales… y un peligro lento y mortífero del sistema inmunológico por falta de oxigenación del torrente sanguíneo.

SEPULVEDA 2 Hasta gran parte del credo religioso… practicado en la ciudad es de una tibieza con flojera espiritual enorme. Un destino con una Fe paralítica para buscar a Dios transitando por caminos con ritos convertidos en hábitos y rezos transformados en rutinas sin apegos ni sentimientos, casi buenos para adoctrinamiento de papagayos o loros tricahues.

Por eso recurro a los recuerdos de mi vida… en mi pueblo querido y campesino sin olor a ciudad, sin humos en las gargantas, sin existencias aceleradas e inquietas transformándose en angustias. Admiro cada vez más mis años de la adolescencia y de la juventud.

¡Cómo no recordar ahora!…, estar subiendo con audacia un acantilado de la costa para seguir enseguida hacia una quebrada cercana y bajar en forma temeraria y tenebrosa, llegando al fondo casi inaccesible y disfrutar ahí un silencio profundo.

Son lugares donde… sólo puede escucharse la voz de uno mismo, o no hablar para captar la sordera absoluta. Sentado en la cima del precipicio se puede fácilmente pensar en la Razón y en la Fe, en la Vida y en la Muerte, en la Nada y el Cielo Eterno, entre creer en Dios o ser ateo.

Lo último que se discurre… es, como salir desde abajo para llegar a la cresta y contemplar el mar, el río, los cerros, la cordillera desde ahí lejana, y las montañas iluminadas por un sol de primavera, todo cual verdaderas huellas de Dios dejadas en su Creación Universal.

Allí en la cumbre luminosa y radiante…, podía sacar mi espejo de bolsillo para mirarme tratando de averiguar quién soy, pero sabía que la figura retratada en el vidrio era el único ser humano que en ese instante habitaba los desafiantes riscos y barrancas que contemplaba su mirada.

Desde allí al bosque… hay una distancia como la de un tiro de escopeta…, era una plantación tupida de eucaliptos a la que le busqué el ombligo o centro para reposar y respirar un aire puro, oxigenado con esencia penetrante de ese árbol. El agricultor que lo plantó, dejó un claro en el medio en el que penetraban algunos rayos del sol y tenía una tierra blanda para descansar.

Mientras el viento jugueteaba … con las ramas del bosque…, aparece un ruiseñor que canta, trina y gorjea para estar luego acompañado de su ruiseñora. No sólo en los cogollos del bosque hay vida, miro que en la tierra del cuadrado, sin árboles, donde llega una pareja de escarabajos que ejecutan un baile parecido a la cueca antes de llevar a cabo el hacer su amor justo bajo un rayito iluminado del astro padre.

Todo en el ensueño… o soñación se ve hecho por las manos de Dios… y en el bosque, como también en la quebrada, a la Existencia se le encuentra destino y sentido, hasta mirando como bailan los escarabajos mientras cantan los ruiseñores.

SEPULVEDA 3

12-1 MUESTRA

 

 

El Correo-Navidad 37 /
Elecciones (2) /
Edición impresa B/N –
Pag 12
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