NI AGROINDUSTRIA PESTILENTE, NI LODOS CONTAMINANTES, NI PUERTO INVASIVO, NI CENTRAL NUCLEAR TÓXICA … PROTEGE NAVIDAD



 

LA TIERRA

                EN LA QUE

                                NACIMOS

(C) Sergio Sepúlveda Cepeda 2013

En la República de Chile existe un lugar único—una comuna—que tiene olor a “Noche Buena” y se llama Navidad. Es una localidad ubicada en la costa del Océano Pacífico que baña el borde occidental de Sudamérica y está encajada en la parte central del territorio patrio. Sufrió por muchos años el aislamiento y desatención por parte del Estado, pero en la actualidad lucha decididamente para ser un “reducto turístico especial“. Ello consiste en preocuparse, al mismo tiempo, que la comarca permanezca enteramente en su estado ecológico natural. Por eso no le interesa la instalación de un puerto que enmugre su litoral. Rechaza la construcción de alcantarillado que contamine su río o produzcan pestilencias en el aire puro que ahí se respira. No le entusiasma la industria de faenas de animales, como la de cerdos de Freirina donde las moscas y fetidez convierten al aire en irrespirable.

La Comuna tiene varios pueblitos y sus habitantes se desplazan constantemente por todos ellos disfrutando en cada uno de micros climas distintos. A veces los trayectos son: de Rapel a Matanzas, de Pupuya a Licancheu, desde El Maitén a La Boca, desde Los Queñes a La Vega, desde La Centinela de Matanzas al Culenar y de Puertecillo a Lagunillas. — (Hay otras partes más pequeñas con escasos moradores, como Polcura, Los Arcos, Los Ruanos, Vega de Pupuya, Vega del río Rapel, Las Brisas de Navidad, Patagüilla, San Rafael, Ranquilcó, Rucatalca, Güegüinco, Paulún, La Aguada, La Viñilla, Risco Colorado, San Vicente de Pucalán) — y más de algún otro que se me escapa. Los métodos, costumbres y tradiciones en esas tierras se mantienen a la antigua y la gente vive dentro de una naturaleza con transparencia completa. Todos moran allí con una tranquilidad pasmosa y un amor desorbitado por sus localidades, defendiendo al máximo la ecología y medio ambiente en que se han criado.

El turista extranjero que casualmente arribe a esa tierra, quedará sorprendido si compara las playas de los balnearios famosos de Chile donde tiene que solicitar un hueco para tenderse en la arena, con la que encuentra ahí, en la que camina kilómetros de orilla de mar solitario. Adonde, sin pertenecer a un grupo de nudistas puede desprenderse de toda su ropa y no escandalizar a nadie. Su cuerpo podrá ser cubierto por los dorados rayos de la puesta del sol. Recibiendo también el soplo de las tibias brisas marinas que rozan el rostro como, caricias suaves con besos ardientes de una novia virgen y enamorada. Sentirá los fuertes ruidos cual bramidos de las olas deseosas que las monten los apasionados surfistas que llegan de vez en cuando y terminan envueltos con ellas cual un abrazo nupcial. Escuchando además los gritos, cantos y graznido de las aves marinas que en filas ordenas vuelan buscando ya sus dormitorios. Todo esto, zambullido en una soledad silenciosa que choca con los cerros y acantilados del entorno acompañada de una 

tranquilidad calmosa, donde se escuchan los quejidos que bullen de las rocas azotadas por el mar. Y allí el silencio capta los pensamientos que salen disparados como rayos hacia lo alto en un camino sin fin dejando ecos de lo que el hombre pregunta y a los que Dios responde poniendo a nuestra vista su enorme y maravillosa Creación.

Los habitantes de la Comuna de Navidad nacen, crecen y se crían en sus pueblitos. Se enamoran, tienen Fe, se casan y procrean en su propia zona. Algunos salen o emigran a la ciudad en busca de
enseñanza superior, porque la Comuna tiene sólo hasta enseñanza media. Los pueblos se visitan ente ellos, unos hacia otros. Si tomamos en cuenta sólo los 12 pueblitos más importantes, estos intercambios de visitas nos llevaría a una operación matemática de un 12! = 12 factorial = 12x11x10x9x8x7x6x5x4x3x2x1=12!=479.001.600.- visitaciones, cantidad prácticamente imposible de alcanzar. Además de las playas y el río, los turistas podrán disfrutar de los pueblos interiores alejados del mar, allí encontrarán gente buena, sencilla y cariñosa. De hecho admirarán las quebradas, los montes y los bosques, verán sus colinas y llanos sembrados. Podrán sestear a la sombra de las montañas. Comerán los quesos frescos, los dulces de tablillas, las empanaditas de peras secas, el pan candial cocido en horno de barro, las empanadas, las humitas que hacen las campesinas. Los asados de corderitos y cabritos lechones, los huevos recién puestos por las gallinas de la casa y los frutos de sus árboles caseros. Podrán tenderse en sus praderas con olor a pastos tiernos y maderos viejos tan buenos como la que existían en el Paraíso Terrenal antes del pecado original. A todo esto apunta “el turismo especial” y único, que puede ofrecer “La Tierra en que nacimos”.

Y así es nuestro lugar que en décadas pasadas querían destinar para instalar una Central de Energía Atómica con el fin de abastecer, casi toda, la electrificación de la zona norte de Chile. En efecto durante, los años 1975 a 1980 se estudiaba la instalación de dicha Central en la Boca del río Rapel. Los argumentos principales eran de carácter militar diciendo que era la parte de mejor protección para esa Central en caso de conflictos armados con los países limítrofes. Toda opinión contraria a esta decisión no tenía peso porque estábamos en el gobierno de las fuerzas armadas donde las cosas se miraban bajo la lupa guerrera. Tampoco era discutible, porque es verdad, que la energía generada allí sería la más limpia y económica producida en el País. Se afirmaba que las instalaciones y construcción de esta Central serían de una extrema seguridad. Los que diferíamos estando en desacuerdo no podían levantar mucho la voz, pero decíamos en voz baja que ningún ingeniero, ni genio científico, por más pintado que fuera, podía confirmar un cien por ciento de seguridad de una central de energía atómica. Pues, existen varios tipos de imponderables, muchos manejados sólo por la naturaleza como: rayos, diluvios, tsunamis, maremotos, terremotos, volcanes, placas terrestres que se deslizan. Además, fatigas y desgastes de los materiales en uso o envejecimiento con el tiempo en servicio. También como se pensaba podría llegar acá un bombardeo en caso de guerra Más de alguno de estos incontrolables podrían terminar con la seguridad de una planta de esas características.

Navidad en la mira del mundo por su central atómica. Sin duda que Navidad habría sido ubicado por todo el mundo debido a su energía atómica, pero sus habitantes ¿qué sabían de sus radiaciones cuando no podieran ser controladas? ¿Qué pasó con la radioactividad en Hiroshima, Nagasaki, Chernobyl, Fukushima? ¿Quién tendría qué decirle la verdad a la gente de nuestra Comuna? ¿Qué pasaría al saber que estarían sentados sobre un infierno atómico cuidado como niña bonita pero sin una seguridad absoluta, la que no existe? ¿Cuántos hijos de esa tierra sufríamos y éramos los que sabíamos la verdad? ¿A quiénes se les ordenaría explicar y argumentar las razones de conveniencia de esta obra? ¡Era para sufrir! ¡Era para pensar! Sabiendo de nuestras raíces, de nuestros parientes, los vecinos, los coterráneos, los amigos, todos los nuestros, toda esa gente en que todos se conocen, que iba a pasar al saber y recibir la noticia. Conociendo la gente de nuestra tierra, sólo esperar la elección de un suicidio colectivo antes de aceptar una central atómica en la Comuna. A Dios gracias, esto es ya un pasado. Hasta Japón, país número uno en centrales atómicas, en la actualidad está terminando con ellas. Estamos tranquilos La Tierra en que nacimos sigue siendo una bendición.

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