LA SEGUNDA OPORTUNIDAD… Bachelet según The Economist


Michelle Bachelet terminó su primer mandato como presidente de Chile en 2010 con un índice de aprobación del 78%.

Salvo que se produjera una gran sorpresa, parece que va a regresar para un segundo mandato el próximo año, con la popularidad intacta. El 30 de junio ganó las elecciones primarias dentro de la Concertación, la coalición de centro-izquierda de Chile, con vergonzosa facilidad. El primero de los cuatro candidatos, sumó 73% de los votos. El segundo, Andrés Velasco, ex ministro de Hacienda de Bachelet, tuvo el 13%.


The 
Economist / 1 de julio

Traducción libre; Salvador Pérez  Editor de El Correo – Navidad

En las elecciones presidenciales del 17 de noviembre se enfrentará a Pablo Longueira, el ex ministro de Economía, combativo y robusto, conservador de la Unión Demócrata Independiente.

Longueira ganó por estrecho margen las primarias de centro-derecha, que también llevaron a cabo el 30 de junio. El margen de la victoria de Bachelet sugiere que la votación de noviembre no será mucho una competencia: de los 3 millones de votos emitidos entre las dos primarias, la Sra. Bachelet se hizo cargo de 1,5 millones, casi el doble que recibidos por los dos candidatos de centro-derecha juntos.

El año pasado la votación, que previamente había sido obligatoria, se hizo voluntario, añadiendo un elemento de imprevisibilidad a la carrera de este año.

La participación en las primarias fue mucho mayor de lo esperado, con un 23%, dándoles cierta credibilidad como predictoras del resultado de las elecciones de noviembre.

En la modalidad actual, Bachelet podría ganar en la primera ronda, algo que ningún candidato ha logrado en los últimos 20 años. Ella sería el primer presidente en 88 años en ganar un segundo mandato en el cargo.

La retórica de la campaña electoral sugiere que el segundo gobierno de Bachelet sería bastante más izquierdista que el primero.
Ella se ha comprometido a transformar la educación superior en sin fines de lucro, libre y para todos, en seis años. Esa es una concesión a los estudiantes, que han protagonizado protestas masivas contra el gobierno de Sebastián Piñera desde 2011.

Tal generosidad costaría el equivalente entre el 1,5% y el 2% del PIB, dice Bachelet. Ella planea pagar esta, aumentando la tasa de impuestos a las empresas del 20% al 25% en cuatro años, y la duplicación de un impuesto sobre las operaciones de endeudamiento hasta el 0,8%.

Ella también planea desechar el Fondo de ganancias fiscales (FUT), creado en virtud del régimen militar en 1984 para fomentar la inversión, que permite a las empresas aplazar indefinidamente el pago de impuestos sobre sus beneficios reinvertidos.
Bachelet dice que no hay razón por la que las empresas no deben cumplir con todas sus obligaciones fiscales en el año fiscal.
Su propuesta para el desguace de la FUT (aunque, con facilidad, sólo durante su último año en el cargo) ha alarmado a la comunidad empresarial y el gobierno de Piñera, que dice que la medida ahogará la inversión.

Bachelet también ha prometido un enfoque más liberal de los asuntos sociales. Ella dice que quiere legalizar el matrimonio gay y permitir el aborto en ciertas circunstancias limitadas (Chile es uno de los pocos países en América Latina que aún prohíbe el aborto ampliamente, incluyendo, cuando la vida de la madre está en peligro). Otros de sus propuestas son más vagos. Dice, por ejemplo, que quiere una nueva constitución, sin decir como sería. Quiere un nuevo sistema electoral, pero no ha dicho cuál.

Hay una alta probabilidad de que el izquierdismo de Bachelet se vea atenuada de aquí a las elecciones. Los resultados de las primarias indican un país altamente polarizado: Bachelet es socialista mientras que Longueira representa el ala más conservadora de la centro-derecha. Entre sus contrastadas ideologías se asientan millones de votantes de centro sin representación real.
Ambos candidatos serán propensos a decantarse hacia la centroderecha, entre ahora y noviembre, para tratar de atraer a los votantes.

Todavía hay un par de cosas que podrían mellar la campaña de Bachelet.

Un número de candidatos independientes, líderes de izquierda se han comprometido a correr por la presidencia. Uno de ellos, Marco Enríquez-Ominami, tuvo 20% de los votos en la primera ronda en 2009. A pesar de que es poco probable que se repita esa actuación, podría ganarse parte del apoyo de Bachelet.

Muchos de los votantes todavía tienen que expresar una opinión.

10 millones de chilenos no se molestaron en llegar a las primarias, pero podrían ser persuadidos a hacerlo en noviembre.
Incluso si gana las elecciones presidenciales Bachelet, se espera que a sus aliados les vaya bien en las elecciones parlamentarias que se celebrarán el mismo día. Durante gran parte de su primer mandato, este estaba limitado por la falta de una mayoría parlamentaria, al igual que le ha sucedido a Piñera durante su mandato.

070513_0427_LASEGUNDAOP2.jpgSus adversarios derechistas arrojaron todo lo posible contra Bachelet. La han acusado de respuesta torpe en el terremoto de 2010, que llegó al final de su primer mandato. Pero las acusaciones no parecen haberse sostenido. El apoyo de Bachelet en Maule y Bío Bío, las dos regiones más afectadas por el terremoto, es tan fuerte como lo es en otros lugares.

Si en las primarias pudo suceder cualquier cosa, los chilenos parecen a punto de elegir a la presidenta de su país con otro latigazo, arrancando una mayoría en el Congreso.

FUENTE; http://www.economist.com/blogs/americasview/2013/07/chile-s-presidential-primaries

 

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