YO SOY DE ALLÁ Historias de Navidad / Sergio Sepúlveda


YO SOY DE ALLÁ Historias de Navidad / Sergio Sepúlveda

YO SOY DE ALLÁ

TEXTO COMPLETO

HISTORIAS DE NAVIDAD

“No eres de aquí ni eres de allá”
YO SOY DE ALLÁ

Por Sergio Sepúlveda Cepeda

Si la pregunta es ¿De dónde es usted? y ella es hecha en un país de otro continente, la respuesta es sin duda: yo soy de Chile, de un país sudamericano con un largo territorio adosado y anclado por el oriente a la cordillera de Los Andes mientras que por el occidente lo baña el océano Pacífico con 200 millas de mar adentro que le promete un presente y futuro esplendor. También limita al norte con el Perú y por el otro extremo llega hasta el polo sur. Es Chile para los chilenos el Paraíso Perdido en el infinito Universo. Estamos conscientes, y basados en la Razón en que se incrusta la ciencia de los hombres, para asumir que nuestro Patria es como un ínfimo átomo del Cosmos Universal.

“Pero, si la pregunta es hecha dentro de Chile, la respuesta es totalmente distinta”.

“Yo soy de allá” de un pequeño Pueblo ubicado en la zona central del País cuyos límites principales son el mar con un rio llamado Rapel y con otros pueblos hermanos que nacieron en la conquista y colonización hecha por España en este Continente. Por eso sus habitantes adquirieron las sabidurías, experiencias, sabores y costumbres del español mezcladas con los gustos, deseos, ganas y apetencias del linaje indígena que ahí existían.

“Yo soy de allá” de ese pequeño y antiguo pueblito donde en la infancia pensaba que en los atardeceres, y a la hora agonizante del crepúsculo violeta, el sol se acostaba en el mar adormeciéndose para dormir entre un cardumen de peces rojos que nadaban a su alrededor hasta el anochecer; ideas de un niño ingenuo sin conocimiento de lo real.

Es cierto que mi actual Pueblo no es igual al antiguo, no puede ser igual, porque ya Él está incorporado al progreso actual. Marcha al compás de la economía y de la ciencia de los hombres sabios absorbiendo también los errores y las fallas propias de la humanidad que son como ofensas para lo que ya no es, lo que ya se fue.

Es verdad que se nota abandono y disminución de la ciencia divina apoyada y sustentada por el don de la Fe Cristiana. Pero no es menos verdadero que aún, allá, se saborean comidas cocinadas y cocidas con brasas de leña que le imprimen un gusto especial.

“Yo soy de allá” del Pueblito que después de una actual invasión de veraneantes durante los meses del verano, nos brinda unas playas desoladas. Allí sentado frente al mar, teniendo sólo como testigos a las sacas y a las resacas de nuestras playas, el cuerpo es envuelto por una ola de soledad coronada por un turbante de silencio, acarreados por una brisa suave, tibia y acariciante que lo adormece para pensar en lo antiguo, en lo viejo, en lo que ya no está, en todo lo que dejaron los buenos e inolvidables recuerdos. Ahí podemos ver desfilar mentalmente a los que fueron nuestros familiares, a nuestros vecinos, a los amigos y a todos los habitantes conocidos que existieron en el Pueblo adonde la mayoría éramos parientes muy estimados.

“Yo soy de allá” donde todavía existe un rancho pobre, apartado, distante, adonde se puede lavar el rostro en un lavatorio con su loza saltada y mirar la cara en un espejo desteñido y quebrado. La mirada en ese vidrio puede ser observadora, puede ser de interrogación y también puede ser reflexiva. Si ella es fija y profunda, afloran las preguntas que impactan y estremecen produciendo incluso descontrol. Todo puede suceder mientras en un fogón hierve el agua en una tetera abollada, con quemaduras ennegrecidas por todos lados con la que un morador solitario me ofrecía después que tomara sus hierbas.

“Yo soy de allá” donde las preguntas del espejo quebrado son: ¿quién es usted?¿de dónde vino?¿por qué está aquí?¿quién le dio la vida?¿para qué tienes vida, qué haces con tu vida?¿cuál es el sentido de tu muerte?¿eres tú dueño de tu vida, de tu cuerpo, de tu alma?¿sabes cuándo vas a morir?¿qué piensas que pasará después de tu fallecimiento?¿qué te gustaría qué pasara después de tu defunción?¿te gustaría resucitar para ser eterno, pero siendo un ser feliz? Y es totalmente humano no tener respuesta para estas interrogaciones, así cualquiera persona se queda muda ante ellas sumiéndose en la nada donde se cobijan estas oscuridades.

“Yo soy de allá” soy producto de un Pueblito antiguo que ante las dudas por las preguntas oscuras del espejo quebrado y roto, me vuelvo a buscar la luz. “Yo soy la Luz del Mundo” dijo Jesucristo, nuestro Dios, el Señor. (Juan 8,12) El que me sigue no camina a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida. Luego pienso que existo, y puedo deducir que no hay otra luz para salir de la oscuridad tremenda que produce las preguntas de ese espejo desteñido, viejo, quebrado, y roto.

“Yo soy de allá” Vuelvo a la vida real, regreso de vez en cuando a mi Pueblo, miro los cerros donde sembrábamos el trigo, visualizo el bosque donde cortábamos la leña.

Pongo la vista en la quebrada en cuyo fondo bebía el agua la que en ella brotaba pura y cristalina, escucho los permanentes golpes de las olas del mar, siento los silbidos del viento que sopla sobre mi cabeza, me expongo a los rayos del sol que cobrean mi piel, escucho el silencio del Planeta que se mueve, en la madrugada contemplo el maravilloso amanecer del campo en la Tierra en que nací, y doy gracias a Dios por la “Luz del Mundo” que mantiene mi Esperanza.

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